El hombre, un ser en búsqueda permanente, insaciable en la indagación de sus conocimientos, alegrías, amores, tristezas, compromete un conjunto de ámbitos absolutamente íntegro e independiente en cuanto a los demás. Es en si su gran capacidad intelectual y su compleja forma de pensar lo que ha llevado a la construcción de dos caminos en su vida; la felicidad por un lado, y la autodestrucción por el otro.
Desde sus inicios, el ser humano ha dispuesto sus aptitudes para crecer, progresar y por sobre todo, cumplir con sus objetivos. Estos objetivos pretenden ser el camino a seguir, una pauta de trabajo y más aun, el sentido de su vida.
¿Es en si la vida del hombre un constante agujero, una existencia vacía y que asume suyo aquello que poseen los demás?
Definitivamente el tenerlo todo se ha hecho una forma de vida, una pauta que marca una infinita incapacidad de determinar lo autentico y lo propio como el fundamento del “Yo”.
Frente a esta crisis, el hombre desarrollará dos tipos de ideologías, ambas totalmente opuestas y conflictivas entre si.
Por una parte el hombre de la antigüedad se caracterizó por enfrentar con frialdad y destreza una serie de conflictos épicos en los cuales el ejército como grupo humano era encabezado por un líder o jefe militar.
Por otra, el hombre moderno se ha caracterizado por seguir el camino que emprenden los considerados grandes filósofos y aquellos que en cuanto a sus méritos merecen ser los orientadores del día de hoy. Sin embargo sus concepciones de vida y las formas de afrontarla siguen siendo las mismas: “La manipulación por sobre la orientación” y “La orientación por sobre la manipulación”.
“Manipular equivale a manejar. De por sí, únicamente son susceptibles de manejo los objetos. Un bolígrafo puedo utilizarlo para mis fines, cuidarlo, canjearlo, desecharlo. Estoy en mi derecho, porque se trata de un objeto. Manipular es tratar a una persona o grupo de personas como si fueran objetos, a fin de dominarlos fácilmente. Esa forma de trato significa un rebajamiento de nivel, un envilecimiento”. (Alfonso López Quintas)
Encerrado en una visión monótona e idealista el hombre bloquea uno de los caminos y busca concretar sus metas usando a los demás. El reducir a las personas a meros objetos con el fin de concretar ese objetivo propio y sin haber pensado antes en el desarrollo ni en la perfección de ellos dejará una mancha de sangre, cuando personajes como Maquiavelo señalen frases como: “El fin justifica los medios”.
Cayendo en una ideología idealista, el hombre va causando a pasos agigantados su autodestrucción. Las guerras mundiales serán caso concreto de la humillación y la deshonra que se provocó entre los seres vivos.
Por otra parte, aquellas personas que descubran en la Fe, la razón y el bien común el camino a marchar, bloquearán cualquier tipo de enlace fatal con esta tendencia y con sus derivados.
Ante esta situación surgirá un conflicto que continuará hasta nuestros días: La guerra entre el vértigo y el éxtasis.
Claro hecho de esto es el desarrollo de la ilustración; todo un siglo que depositó una fe ilimitada en el hombre y que provocó el estallido de grandes revoluciones que concluyeron por dar origen a las grandes guerras del siglo veinte.
Pero luego de tantos siglos en búsqueda de lo mismo, el cansancio ejerció su peso. La conciencia abrió paso al odio, al dolor, a la tristeza y a una concepción de terror en la existencia.
Con el fin de la Segunda Guerra Mundial e inicios de la batalla entre las grandes potencias vencedoras, afronta al mundo una nueva visión del hombre. Es esta forma de vivir la que derivará la cultura social actual.
Conocido como Existencialismo o Vitalismo, el ser humano reconoce en la vida un solo fin, el de lamentar todo; cerrar la posibilidad al mañana mejor y sentir perpetuamente el dolor. El hombre desde el momento de nacer esta condenado a sufrir; no hay nada que pueda impedirlo. De esta manera la única forma de ser feliz en nuestro mundo ocurre mediante la adaptación de esta normativa.
Esta corriente causará el repudio a todo, el sentirse un misántropo marcado y llegando inclusive a automarginarse de la sociedad.
Todo esta perdido, el hombre carece del sentido de su existencia y el precioso don de unir a sus pares en la lucha por sus ideales comunes se extingue para nunca volver. La autonomía y la desconfianza destruyen todo tipo de sueños utópicos causando que día a día la historia sea la misma: “Aprender a sufrir el día de hoy para no morir del dolor mañana”.
Y de pronto sumergidos en este caos, ¿cuál resulta ser el único camino posible para la salvación?
Frente a la resignación de muchos, el personalismo, tal como su nombre lo indica, establece como centro al ser humano. Es en si una ideología que considera al hombre como un ser subsistente y autónomo pero esencialmente social y comunitario, un ser libre pero no aislado, un ser trascendente con un puro valor en sí mismo que le impide convertirse en un mero objeto. Un ser moral, capaz de amar, y que por sobre todo intenta definirse a sí mismo pero considerando siempre la naturaleza que le rodea.
Cada minuto resulta una nueva posibilidad de cambiar nuestro entorno, disfrutar de nuestras vidas y trabajar en encontrar la solución de todos los problemas que nos rodean.
"Mi religión consiste en una humilde admiración del ilimitado espíritu superior que se revela en los más pequeños detalles que podemos percibir con nuestra frágil y débil mente". (Albert Einstein)
Establecidos en un mundo de doble filo, los jóvenes comenzarán a tomar cartas en el asunto, adelantar en sus vidas etapas que en rigor solían recaer en los adultos.
El trabajo, la familia y el amor probaran ser plenos sentimientos de éxtasis, mientras que la adoración personal, la poca responsabilidad y la introversión demuestran ser sentimientos de vértigo y autodestrucción.
Cada vez se va perdiendo la capacidad de dirimir, los jóvenes guiados por la inmadurez y la poca concepción de la palabra mente se introducen en mundos comunes, naciendo así las llamadas tribus urbanas.
Poseídos por ellas, los jóvenes pierden su sentido de critica y el poco juicio entre ellos les quitará aquel don mas maravilloso que se les ha dado; “La Libertad”.
“No basta vivir en un régimen democrático para ser libres de verdad. Hay que conquistar la libertad día a día frente a quienes intentan arteramente dominarnos con los recursos de esa forma de ilusionismo mental que es la manipulación. (Alfonso López Quintas)
Pero de pronto, aunque sea por un solo segundo, ¿es capaz el ser humano de tomar conciencia de sus hechos, aceptar el error de la imperfección y trabajar en conjunto con los demás por encontrar aquel camino que abrirá paso a una felicidad eterna? Lamentablemente hoy no lo es. Todas nuestras esperanzas están depositadas en el mañana.
Si queremos colaborar eficazmente a configurar una sociedad mejor, más solidaria y más justa, debemos poner al descubierto los ardides de la manipulación y aprender a pensar con todo rigor. No es demasiado difícil. Un poco de atención y finura crítica nos permitirá delatar los trastrueques de conceptos que se están cometiendo y aprender a hacer justicia a la realidad. Esta fidelidad a lo real nos depara una inmensa libertad interior”. (Alfonso López Quintas)