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Thu, 17 Apr 2008 07:12:00

El hombre: Progreso y destrucción de su entorno.

El autor aborda temas de interés actual y mundial: cómo el hombre a través de su proceso evolutivo ha logrado grandes avances, todos ellos gracias a su esfuerzo, pero también producto del trabajo de su entorno, su medio natural. Además, cómo el hombre junto con progresar cultiva una a sed de poder producto de los beneficios que trae explotar las riquezas naturales, pero con que también estará llevandose a sí mismo a la destrucción.
Qué pasaría si en algunos años más un niño nos preguntara, ¿qué es una manzana?, ya que nunca en su vida ha visto una. Si lo pensamos, sería algo bastante duro, y nos haría pensar en la posibilidad de haber podido contribuir en el cuidado de nuestro planeta, para que futuras generaciones tengan las mismas regalías, al igual que nosotros, de vivir en torno a un mundo lleno de riquezas naturales.

Mucho ha sido dicho acerca de nuestro porvenir, y no sólo del nuestro, sino que también del proyecto de vida de cada uno de nuestros hijos: las futuras generaciones. Se habla de esperanza, de proyectos a largo plazo, de felicidad, donde el hombre podrá solventar cada uno de sus deseos y ambiciones con ayuda de la tecnología, de las nuevas tendencias y los avances de la humanidad en su conjunto, como lo ha hecho durante mucho tiempo, es decir, a lo largo de este proceso llamado evolución.

 

Pero he ahí el problema, hoy en día la sociedad actúa en forma egoísta, siempre se ha considerado como único elemento importante en esta evolución el hombre y sus creaciones olvidando algo tan importante y preciado como lo es la naturaleza. Y cuando hablamos de naturaleza no sólo nos referimos a la flora y fauna que vemos a nuestro alrededor, pues éste  sería un pensamiento superficial y desalmado, es mucho más que eso. Estamos hablando de lo que mueve nuestro vivir, lo que le da vida a este entorno en el que convivimos: estamos hablando de nuestro planeta como un todo.

 

Desde tiempos remotos, el hombre ha ido creciendo con ayuda de los diferentes elementos que ha descubierto a su alrededor: los recursos naturales. En un comienzo este uso de materias primas provenientes de la tierra no eran un elemento excesivamente explotado, era usado sólo en su justa medida, y por tanto, nada era dañado por ello. Al mencionar aquello nos dirigimos a tiempos ancestrales, donde el hombre a penas usaba su razón, y con ello me refiero a la prehistoria. En aquellos tiempos la naturaleza no era deteriorada día a día por la acción del hombre, y el progreso llevado hasta ese entonces gracias a la naturaleza era enriquecido por esta misma.

 

El hombre continuó su evolución en conjunto y ayuda de la naturaleza, con lo que llegaron tiempos en que éste utilizó productos naturales con fines de progreso centrado específicamente en la ciencia, en inventos, y lo más importante, para sustentar nuevas estructuras sociales, donde la población había experimentado un aumento de proporciones incalculables. Por ende, era menester la utilización de materias primas y por supuesto, había que incrementar la cantidad extraída de estas mismas, aunque siempre teniendo en cuenta la mesura con que debía ser llevado a cabo este plan de acción.

 

Fue gracias a la acción de extraer productos naturales en niveles considerados lo que dio como resultado la preservación de muchas de las riquezas que vemos hoy en día. Es en este punto donde más se ha enfatizado en hoy en día, ya que si se sigue la misma política de conservación de recursos naturales, en un futuro próximo, podremos seguir gozando de beneficios tan naturales como comunes para nosotros.

 

Sin embargo, si en verdad deseamos llevar a la practica esta política de preservación debemos tener en cuenta lo anteriormente dicho: “…beneficios comunes para nosotros”. Que pasaría si en algunos años más un niño nos preguntara, ¿Qué es una manzana?, ya que nunca en su vida ha visto una. Si lo pensamos, sería algo bastante duro, y nos haría pensar en la posibilidad de haber podido contribuir en el cuidado de nuestro planeta, para que futuras generaciones tengan las mismas regalías, al igual que nosotros, de vivir en torno a un mundo lleno de riquezas naturales.

 

Esta iniciativa de preservación ahora ya es sólo un sueño, una utopía que posiblemente jamás será concretada, pues fue superada por la sola idea de lucrar la naturaleza, de dominarla al antojo de quien tuvo la idea de venderla a alguien, este a alguien más, y así sucesivamente hasta llegar luego de mucho a la sociedad para que esta la utilice como lo estime conveniente. Es posible que en ciertos casos sea justificable, pues es indispensable, pero existen casos en que el lucro llega a ser irrazonable, convirtiéndose aquello en un negocio repugnante, carente de orgullo para quien lo realice.

 

Este lucrar con recursos naturales surgió paulatinamente con la iniciativa del progreso, pero no sólo surgió aquello, sino que además trajo consigo un elemento que el hombre anhela con todo su ser, sea quien sea: el poder. Aquí es donde interviene la idea de poseer un algo, en este caso las riquezas naturales, y que al poseerlo en gran cantidad, lentamente se adquiere la condición de “poderoso”.

 

Pero, ¿Por qué los recursos naturales? Los recursos naturales se han transformado a lo largo de la historia en elementos indispensables para la sociedad actual, ya sea para el vivir cotidiano o para continuar en la travesía del progreso. Al volverse indispensable el hombre se dio cuenta de que podía obtener algo a cambio de entregar a quienes necesitan productos de la naturaleza.

 

Como este ser poderoso consiguió la manera de adquirir mayor poder del que posee, sentirá la necesidad de incorporar mayor velocidad en la adquisición de recursos naturales, medios de obtención de poder. Esto traerá como consecuencia la pérdida del bienestar hasta ese momento llevado por generaciones, el daño medioambiental causado por la sed de poder, logrará que incluso aquel hombre ambicioso termine perjudicado. Pero no es sólo él quien resulta afectado si no que es toda la sociedad en su conjunto. Producto de ello surgirán grupos que luchen contra la ambición y daño a nuestro planeta. Grupos como Greenpeace luchan con ayuda de miles de personas que realizan su aporte monetario, es decir, con el apoyo de miles de personas, concientes del daño que se está causando.

 

El daño a nuestro entorno es conocido por muchos, pero también desconocido por otros tantos, por ello es que todos tenemos el deber de denunciarlo, ya que está presente de manera concreta en diversos casos, donde hombres con grandes ambiciones de poder “matan” nuestro planeta sin mayor preocupación que la de obtener lo que desean: industrias que consumen hectáreas de bosques, que secan lagos, o incuso que matan animales en forma indiscriminada, cazándolos o a través de desechos tóxicos que son arrojados a ríos, mares o al océano mismo.

 

Ahora, tomando todo lo dicho anteriormente todos podremos darnos cuenta de que se han puesto en conflicto dos elementos: el progreso y la vida. Ambos tan importantes como incondicionales en la vida del hombre. Por un lado tenemos el progreso, algo que es absolutamente necesario en la vida del hombre, pues el progresar le da esperanzas, le da energías para seguir viviendo, le da sueños y alegrías, le da sentido a su existencia. Por otro lado, está la vida, elemento que se complementa al anteriormente dicho, ya que como ya fue mencionado, la idea de que se puede seguir progresando, de que la evolución aún continua, y que todos somos parte de ella día a día es motivo de luchar por seguir viviendo, y por proteger esto mismo: la vida.


 


    

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